LA PRESENZA DELLA CONGREGAZIONE SACRA FAMIGLIA DI NAZARETH NEL MONDO

domenica 23 dicembre 2012

187 - AYER Y MAÑANA

"Primer encuentro con P. Piamarta" de Pier Giordano Cabra
 
CAPÍTULO DÉCIMO

16 de Junio de 1912: un triunfo. En el Artigianelli se celebra el vigesimoquinto aniversario de la fundación del Instituto. Es una avalancha de reconocimientos: cartas y telegramas de todas partes, ex alumnos llegados en masa, presencia de autoridades civiles y religiosas, testimonios del inmenso bien realizado. Todos aplauden y se unen para festejar "la fundación de este grandioso Instituto que nació de tantas privaciones y fatigas, sudor y sacrificios", pero que está coronado "por una inmensa cantidad de queridos jóvenes, crecidos como verdaderos cristianos".
El Instituto ahora es verdaderamente grandioso y bello. De la primera casa a hoy, el antiguo edificio ha sido agregado a los nuevos edificios, para ser completados con los vastos pórticos y la bella iglesia en el año 1907. Padre Piamarta escucha, pero parece ausente. Su mente está con los bienhechores, sin los cuales no habría podido hacer nada. Admira su generosidad y, también la confianza puesta en él, sin títulos y sin pruebas precedentes. "La gratitud debe ser la primera virtud del Instituto", continuará repitiendo. Los recuerda a cada uno, especialmente a los hermanos Marietta y Ángel Muzzarelli, junto a todas las personas humildes que han dedicado su vida a sus jóvenes, desde Filippa Freggia, la mamá de los primeros tiempos.

Padre Piamarta está feliz por el buen grupo de sacerdotes y hermanos religiosos que lo rodean y que garantizan la continuidad de la obra. Sabe que esta familia es el más bello don que el Señor le pudiera dar. Los ve dotados de verdadero espíritu sacerdotal y religioso, prácticos y activos, sensibles a los pobres. "Ahora tu siervo puede partir en paz", murmura en voz baja, "porque mis ojos han visto tu salvación, preparada" para tantos jóvenes y asegurada también después de mi partida.

Su más querido amigo, el de la aventura infantil en el monte Magdalena - ¿lo recuerdan? - le había escrito pocos días antes: "Tu ánimo tan sensible merece la más afectuosa admiración por parte de todos nuestros conciudadanos. Tú has justamente gozado un paraíso anticipado". El Paraíso en el cielo, quizás, respondió, "pero en el sentido puramente humano, la obra no me dio más que dolores, tribulaciones y espinas innumerables, penas increíbles, desengaños de todo tipo".

 Incluso en medio de estas dificultades, la Providencia siempre lo guió y lo ayudó, pudiendo reconocer que la obra no fue querida por él, sino por Aquél que "provee a los más pequeños de sus hijos", de entre los que lo eligió a él, un pobre sacerdote, "una mancha de tinta en el libro de oro de la caridad", para demostrar que somos pequeños instrumentos en la mano omnipotente del Altísimo. Por esto Padre Piamarta recomienda "no centrase en los cálculos humanos", sino "confiarse siempre en la infaltable ayuda" de la Providencia de Dios, la que mantendrá en vida su obra para que la consideremos Suya.

Mirando hacia adelante en el tiempo, se siente seguro de que sus tantas fatigas no han sido inútiles y que él, "siervo inútil y débil", podrá ser más útil "en el seno de Jesús bendito", donde podrá seguir mejor "la continua y progresiva prosperidad de la obra" que el Señor le ha puesto entre las manos y que él, quizás, ya está listo para poner en las manos de sus sucesores.

Los aplausos lo hacen sonreír, pero él piensa en los jóvenes que habría podido ayudar y que no pudo, así como también en los que hoy no han venido y que él atendía."Ha llegado el tiempo de rezar más por ellos", porque si no los he visto aquí hoy, los veré en el Paraíso". Al Paraíso entrará el 25 de abril de 1913.

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