LA PRESENZA DELLA CONGREGAZIONE SACRA FAMIGLIA DI NAZARETH NEL MONDO
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domenica 30 dicembre 2012

193 - DESPUÉS DE CIEN AÑOS

"Primer encuentro con P. Piamarta" de Pier Giordano Cabra

CAPÍTULO UNDÉCIMO
 
Los santos no viven solo en Dios, sino que continúan viviendo en sus obras, en sus enseñanzas, en la memoria de aquellos que los han conocido y en el corazón de quienes han beneficiado. Padre Piamarta ha dejado una familia religiosa que continúa su obra, cultiva su memoria y lo hace vivo actuando según su espíritu.

En su testamento había asegurado que acompañaría a los continuadores de su obra "desde el seno de Jesús bendito" y preveía la "continua y progresiva prosperidad" de cuanto había iniciado.

Después de cien años, Padre Piamarta obra entre los jóvenes en Italia, Brasil, Chile, Angola y Mozambique, en centros de acogida, en centros de formación profesional, en la asistencia a los "meninos da rua", en los sectores más pobres, en las escuelas, en las parroquias, en los internados. Siempre con los jóvenes y por los jóvenes. Siempre enseñando el programa evangélico: "Todo lo que hayan hecho a uno de estos más pequeños, lo habrán hecho a mí".

La impronta de Padre Piamarta se puede advertir en el espíritu de familia y de la colaboración con los laicos. Su Congregación está dedicada a la Sagrada Familia de Nazareth y quienes la componen se empeñan en vivir como una familia y a enfrentar la educación como se hace en una buena familia, con la necesaria comprensión de los problemas de los niños y jóvenes, exigiendo también toda su colaboración y cultivando el sentido de responsabilidad.

La colaboración de los laicos es fruto de la extensión de la familia religiosa, que abarca en su finalidad diversas competencias, generosas energías, ex alumnos que practican la "gratitud como máxima virtud", corazones sensibles al sufrimiento de los más pobres, personas con visión de futuro convencidas de que la educación es la tarea más importante y decisiva en el mundo de hoy.

¿Por qué no colaboras tú también con la obra de Padre Piamarta?

La promoción de la cultura cristiana también ha sido cultivada por la Editorial Queriniana, que ha contribuido, con su apertura internacional, a la renovación de la espiritualidad y del pensamiento teológico, según el espíritu del Concilio Vaticano II. Las primeras obras del teólogo Joseph Ratzinger, ahora Papa Benedicto XVI, han sido dadas a conocer en Italia por la Queriniana.

El 12 de octubre de 1997, la Iglesia ha reconocido oficialmente la vida santa y ejemplar de Padre Piamarta, declarándolo Beato. El pobre niño bresciano ha entrado en el rico cielo. El humilde sacerdote ha sido exaltado por la Iglesia y por la alegría de sus hijos. Aquél que estuvo cansado, que sufrió, que tal vez no fue comprendido, entra en la lista de aquellos que pueden ayudarnos a quienes estamos trabajando por hacer más humana la vida de los jóvenes, por comprender sus dificultades y su dignidad de hijos de Dios.
El 21 de Octubre de 2012, su santidad el Papa Benedicto XVI, lo canoniza en Roma y lo entrega a la Iglesia como San Juan Bautista Piamarta.

Oremos:
Oh Dios misericordioso, que has suscitado en San Juan Bautista Piamarta, sacerdote iluminado y ferviente, la preocupación por la educación de los jóvenes a la vida cristiana en el trabajo, en la familia y en la sociedad, concede que, por su intercesión, podamos vivir y actuar en tu amor providente de Padre y sentir la fuerza de tu ayuda para conseguir la Bienaventuranza eterna.
Por Cristo, nuestro Señor. Amén.

domenica 23 dicembre 2012

187 - AYER Y MAÑANA

"Primer encuentro con P. Piamarta" de Pier Giordano Cabra
 
CAPÍTULO DÉCIMO

16 de Junio de 1912: un triunfo. En el Artigianelli se celebra el vigesimoquinto aniversario de la fundación del Instituto. Es una avalancha de reconocimientos: cartas y telegramas de todas partes, ex alumnos llegados en masa, presencia de autoridades civiles y religiosas, testimonios del inmenso bien realizado. Todos aplauden y se unen para festejar "la fundación de este grandioso Instituto que nació de tantas privaciones y fatigas, sudor y sacrificios", pero que está coronado "por una inmensa cantidad de queridos jóvenes, crecidos como verdaderos cristianos".
El Instituto ahora es verdaderamente grandioso y bello. De la primera casa a hoy, el antiguo edificio ha sido agregado a los nuevos edificios, para ser completados con los vastos pórticos y la bella iglesia en el año 1907. Padre Piamarta escucha, pero parece ausente. Su mente está con los bienhechores, sin los cuales no habría podido hacer nada. Admira su generosidad y, también la confianza puesta en él, sin títulos y sin pruebas precedentes. "La gratitud debe ser la primera virtud del Instituto", continuará repitiendo. Los recuerda a cada uno, especialmente a los hermanos Marietta y Ángel Muzzarelli, junto a todas las personas humildes que han dedicado su vida a sus jóvenes, desde Filippa Freggia, la mamá de los primeros tiempos.

Padre Piamarta está feliz por el buen grupo de sacerdotes y hermanos religiosos que lo rodean y que garantizan la continuidad de la obra. Sabe que esta familia es el más bello don que el Señor le pudiera dar. Los ve dotados de verdadero espíritu sacerdotal y religioso, prácticos y activos, sensibles a los pobres. "Ahora tu siervo puede partir en paz", murmura en voz baja, "porque mis ojos han visto tu salvación, preparada" para tantos jóvenes y asegurada también después de mi partida.

Su más querido amigo, el de la aventura infantil en el monte Magdalena - ¿lo recuerdan? - le había escrito pocos días antes: "Tu ánimo tan sensible merece la más afectuosa admiración por parte de todos nuestros conciudadanos. Tú has justamente gozado un paraíso anticipado". El Paraíso en el cielo, quizás, respondió, "pero en el sentido puramente humano, la obra no me dio más que dolores, tribulaciones y espinas innumerables, penas increíbles, desengaños de todo tipo".

 Incluso en medio de estas dificultades, la Providencia siempre lo guió y lo ayudó, pudiendo reconocer que la obra no fue querida por él, sino por Aquél que "provee a los más pequeños de sus hijos", de entre los que lo eligió a él, un pobre sacerdote, "una mancha de tinta en el libro de oro de la caridad", para demostrar que somos pequeños instrumentos en la mano omnipotente del Altísimo. Por esto Padre Piamarta recomienda "no centrase en los cálculos humanos", sino "confiarse siempre en la infaltable ayuda" de la Providencia de Dios, la que mantendrá en vida su obra para que la consideremos Suya.

Mirando hacia adelante en el tiempo, se siente seguro de que sus tantas fatigas no han sido inútiles y que él, "siervo inútil y débil", podrá ser más útil "en el seno de Jesús bendito", donde podrá seguir mejor "la continua y progresiva prosperidad de la obra" que el Señor le ha puesto entre las manos y que él, quizás, ya está listo para poner en las manos de sus sucesores.

Los aplausos lo hacen sonreír, pero él piensa en los jóvenes que habría podido ayudar y que no pudo, así como también en los que hoy no han venido y que él atendía."Ha llegado el tiempo de rezar más por ellos", porque si no los he visto aquí hoy, los veré en el Paraíso". Al Paraíso entrará el 25 de abril de 1913.

mercoledì 28 novembre 2012

177 - O APÓSTOLES O APÓSTATAS

"Primer encuentro con P. Piamarta" de Pier Giordano Cabra

CAPÍTULO NOVENO

 Padre Piamarta quiere que sus jóvenes sean libres y fuertes; libres para no contaminarse por la mentalidad común y fuertes para actuar rectamente y distinguirse de la multitud; libres para no ser absorbidos por la masa y fuertes para ser líderes. Su tiempo estuvo lleno de contrastes sociales y políticos entre liberalismo y socialismo. El primero preocupado por la libertad y el segundo por la igualdad. Padre Piamarta siempre dijo a sus jóvenes que es necesario ser "libres para servir", insistiendo en las virtudes cívicas, a partir de la honestidad, del sentido por el deber, del sentirse comprometidos por la palabra dada, por la participación en la vida pública y por el sentido del servicio.  A quien le hacía notar que hablaba poco de derechos, respondía que para aprender los propios derechos basta con una semana y que, en cambio, para aprender los propios deberes no basta con una vida.

Estaba convencido de que en la sociedad moderna o el joven se esfuerza como un apóstol o se arriesga en convertirse en un apóstata. O se empeña o desaparece. O ilumina o es absorbido por la oscuridad. Para Padre Piamarta el joven es apóstol cuando no se avergüenza de ser cristiano e, incluso más, cuando honra el nombre de cristiano con su comportamiento. Es apóstol aquel que es atento a las necesidades de los otros y está dispuesto a dejar las comodidades por hacer lo que le es posible hacer. En el año 1902 Padre Piamarta supo que se quería impedir la procesión ciudadana del Corpus Christi. Llamó a reunión a sus jóvenes y les pidió defender el recorrido. Ninguno se atrevió a poner algún obstáculo. Es apóstol el que está dispuesto a pagar en persona las propias ideas. Es apóstol el que "no sigue el camino del impío, sino que camina en la ley del Señor".

No quería jóvenes malhumorados, tristes, pesimistas, introvertidos, mal genios. Les repetía las "máximas" de San Felipe, que son unas sencillas frases de sabiduría humana y cristiana nacidas desde las profundas meditaciones espirituales y en la escuela de la vida:
- Hijos, estén alegres: escrúpulos y melancolía, fuera de mi casa.
- Bienaventurados ustedes, jóvenes, que tienen tiempo para hacer el bien.
- Es necesario trabajar, tienen que trabajar, porque Dios no sabe qué hacer con los
  perezosos.
- Sean buenos si pueden: el hombre que no reza es un animal sin razón.
- Hagan todo, pero no cometan pecados.

Y le gustaba mucho que los jóvenes mostraran su alegría, alternando el duro deber cotidiano con las actividades recreativas, los frecuentes campamentos en la montaña, el solemne canto coral, la solicitada banda musical y el aplaudido teatro, alcanzando en estas últimas un nivel de excelencia reconocidos en la ciudad y en la provincia.
En ocasión de la imponente inauguración del monumento al Redentor en el monte Guglielmo, el 20 de agosto de 1902, fue invitada la banda musical del Artigianelli. Jornada memorable: entre los muchos asistentes estaba sentado un niño que aplaudía, Juan Bautista Montini, que estaba destinado a ser famoso. A un siglo de distancia, ese niño está de nuevo presente en ese lugar con una estatua que lo presenta con la vestimenta del Romano Pontífice Pablo VI.
¡Quizás en las solitarias y limpias noches estrelladas escucha nuevamente con mucha alegría esas notas alegres y solemnes que Padre Piamarta ha llevado hasta allí ese día, como homenaje de los jóvenes al Redentor del mundo!.

lunedì 19 novembre 2012

164 - UNA FAMILIA PARA LAS FAMILIAS

"Primer encuentro con P. Piamarta" de Pier Giordano Cabra

CAPÍTULO OCTAVO

Padre Piamarta en los inicios del Instituto Artigianelli tuvo dos jóvenes colaboradores extraordinarios: el seminarista Bongiorni y Dominatore Mainetti. El primero será Obispo Auxiliar de Brescia y el segundo Alcalde de la ciudad. Siempre entre los primeros colaboradores, fueron de gran ayuda algunos ex pavonianos, que vivían con Monseñor Capretti. Algunos sacerdotes y laicos, así como algunos alumnos, se unieron a él para compartir su misión y su vida laboriosa, esforzada y exigente.
 
Padre Piamarta siempre quiso consigo algo más que un grupo de colaboradores. Él quería crear una comunidad estable que fuese como una familia, donde vivieran juntos, rezaran juntos, trabajaran juntos y se ayudaran recíprocamente a servir a los jóvenes. Este ambiente ayudaría a sentirse en un clima de familia a los niños y jóvenes, "dando una familia a quien no la tiene y enseñándoles a tener una actitud de respeto, acogida y atención, que son la premisa insustituible para la creación de una familia.

De esta manera fue que nació la Congregación Sagrada Familia de Nazareth, formada por un grupo de sacerdotes y laicos que se empeñan en dedicar toda su vida al servicio de Dios y de los jóvenes, inspirándose en el modelo de la Santa Familia. Ella conduce a vivir un estilo fraterno, que se expresa - como dice Padre Piamarta - "en la paciencia, caridad, cordialidad, procurando ser entre nosotros amables y llenos de dulzura. Este espíritu debe penetrar en lo profundo del corazón de nuestra santa Institución".
 
Siendo una familia estable, destinada a renovarse y a continuar su obra en el tiempo, la Sagrada Familia se convierte en "la Familia para las familias", tanto para la congregación religiosa, como para los niños y jóvenes y las familias que ellos mismos formarán.

Y como en una familia no puede faltar el elemento femenino, Padre Piamarta, junto a la Madre Elisa Baldo, dio origen también a las "Auxiliadoras de la Sagrada Familia", que luego tomarán el nombre de "Humildes Siervas del Señor", una Congregación que es un apoyo y una insustituible colaboradora en las obras piamartinas durante muchos años y a la cual va todo el admirado reconocimiento de los hijos de Padre Piamarta.

El hecho de que el modelo elegido sea la Sagrada Familia de Nazareth no es casual. Nazareth es el lugar donde el trabajo es santificado, porque ahí fue donde trabajó con las manos el Hijo de Dios. Si la exaltación cultural del trabajo es necesaria para descubrir la eminente dignidad, las potencialidades de realización de la persona, el aporte a la sociedad y al progreso, no es suficiente, sin embargo, borrar la fatiga y las desilusiones que lo acompañan. Mirar a Nazareth ayuda a hacer el trabajo en la justa perspectiva de la participación en el sudor redentor de la Sagrada Familia.

 Padre Piamarta ayuda a ir espiritualmente a Nazareth, también para descubrir el valor de la cotidianidad: para quien mira a Nazareth, la oscuridad de lo cotidiano, "el temible día a día" es iluminado y adquiere una nueva dimensión. En Nazareth, lejos de las grandes luces, creció el Hijo de Dios. En la monotonía de lo cotidiano estamos invitados a descubrir al Hijo de Dios que desea crecer en nosotros, para tener luz y paz, así como también para llevarla a los demás.

sabato 10 novembre 2012

153 - LOS SIN FUTURO Y LA AGRICULTURA

"Primer encuentro con P. Piamarta" de Pier Giordano Cabra

CAPÍTULO SÉPTIMO

“Cualquiera cree tener éxito en agricultura".
Quien entraba hace algunos años en el Instituto Bonsignori, en el pueblo de Remedello, se encontraba con esta frase escrita en una linda y gran caligrafía. La frase no era de Padre Juan Bonsignori, pero expresaba bien su concepción de la agricultura, pensada por él como "arte, ciencia y riqueza".

Padre Juan Bonsignori era un párroco estudioso, convertido en un experto agrónomo, movido por la preocupación de vencer la extrema pobreza de su gente, postrada por la enfermedad de la desnutrición, obligada a emigrar para huir del hambre."¿Es posible - se preguntaba el inteligente pastor de las almas - que la tierra sea como una madre incapaz de alimentar a sus hijos?".
Se dedicó a estudiar a los más prestigiosos agrónomos y químicos de Europa, encontrando un método para multiplicar por cuatro e, incluso, seis veces la producción de cereales, convirtiéndose rápidamente en el difusor de este descubrimiento, mereciendo el título de "apóstol de la nueva agricultura". Sus obras de divulgación tuvieron un éxito notable y fueron traducidas a varias lenguas.

Un día Padre Juan Bonsignori almorzando en el Instituto Artigianelli se puso a contar las maravillas de la nueva agricultura y, como un orador brillante, encantó a los que lo escuchaban. Padre Piamarta, que desde hace un tiempo estaba complicado por el éxodo de tantos jóvenes, pensó: "Aquí está lo que buscaba". Y le propuso a padre Bonsignori crear juntos una escuela donde estas ideas pudieran ser difundidas. Entre los aplausos de los presentes el párroco agrónomo aceptó.

La idea es genial, pero… ¿los recursos? Piamarta espera la ayuda de la Providencia, la cual le hizo llegar la donación de unas dos hectáreas de terreno. Nace así la Escuela Agrícola de Remedello, en el sur de Brescia, la que iniciará sus actividades en el año 1895 como escuela práctica de agricultura, enseñando con la guía del programa "de la tierra a los libros". En poco tiempo esta escuela será reconocida en toda Italia, Francia y Bélgica, países desde donde vienen a formarse directores con mucho dinero y, también, pequeños y medianos agricultores.

Padre Piamarta realizó aquí su sueño de "santidad social", de contribuir a "mejorar la sociedad" gracias a la enseñanza del artesano, del agricultor y de sus familias.
Aquí también su plan de formar hombres completos se aclara: Padre Bonsignori se preocupará de la ciencia y Padre Piamarta de la conciencia. El primero es el arte de cultivar la tierra; el segundo es el arte de cultivar el corazón. El primero es el arte de producir; el segundo es el arte del buen uso de la producción. Uno formará al técnico calificado; el otro al hombre respetado. El primero será el emprendedor moderno; el segundo el hombre eterno. Uno enseñará cómo llenar los graneros de su campo; el otro cómo acumular los granos para la cosecha definitiva.

Padre Piamarta deja, de hecho, a Padre Bonsignori la responsabilidad técnica de la Escuela Agrícola y ocupará un segundo plano, garantizando el soporte financiero para sus audaces experimentos. Pero estará siempre presente en la Escuela Agrícola en los momentos formativos de los jóvenes, preocupado de mantener el equilibrio entre cultura del campo y cultura del espíritu.

La Escuela Agrícola, que cambiará el nombre a Instituto Bonsignori, será por varios años un referente ejemplar para un gran número de agricultores, gracias a los excelentes directores que supieron actualizar la intuición inicial, promoviendo masivos "Congresos agrarios", apoyando la publicación del periódico "La Familia agrícola" e innovando en el sector zootécnico.
Incluso hoy se lee en el edificio central de la Escuela Agrícola la frase "Padre Piamarta para los hijos del campo": un justo reconocimiento dado al autor del crecimiento humano y cristiano de los jóvenes agricultores, para los cuales él creó esta obra única en su género, apoyando la genialidad de Padre Bonsignori.

giovedì 1 novembre 2012

139 - PIETAS ET LABOR (1)

"Primer encuentro con P. Piamarta" de Pier Giordano Cabra

CAPÍTULO SEXTO

El Instituto Artigianelli nace justo en el corazón del centro histórico de la ciudad de Brescia, en un ambiente que por miles de años estuvo permeado por el espíritu de san Benito, cuyo lema era "ora et labora". Napoleón suprimió el monasterio benedictino femenino de Santa Julia y algunos espacios fueron ocupados como cuarteles, mientras que el vasto "huerto" quedó sin ser cultivado. Es en este lugar que Padre Piamarta hace revivir el espíritu benedictino, convirtiéndolo en la ciudad del trabajo, es decir del "Pietas et labor", de la oración que anima el trabajo, el cual se convierte en el medio para ganarse la vida presente y la futura.
 
El ejemplo de unión entre oración y trabajo lo daba el mismo Padre Piamarta: se levantaba muy temprano, cerca de las cuatro de la mañana, para hacer dos horas y media de oración e, incluso, tres con la Santa Misa. Antes de abrir las ventanas de la tierra, abría las del cielo para recibir la luz y la fuerza. Después de esto, debía dedicarse a pensar en todo, porque era necesario hacerlo todo. De cuántas cosas debió interesarse Padre Piamarta, cosas sobre las que muchas veces no tenía la más mínima competencia, pero sobre las cuales se sentía en el deber de emprender "por amor, solo por amor" hacia sus niños y jóvenes.
¿Cómo decirle no a una madre viuda con varios hijos que le pedía con lágrimas acoger al menos a uno? ¿Cómo rechazar al párroco que venía con un niño triste y asustado, al que se le habían muerto los padres? ¿Cómo no encontrar un lugar para ese niño de apariencia audaz, pero que no sabía dónde ir a dormir en la noche?
Para sus niños debía proveer un puesto en la mesa, uno en el dormitorio, uno en el taller, uno en la escuela, en la iglesia, en la recreación. Era necesario implementar laboratorios, adquirir maquinarias, pedir la ayuda de colaboradores confiables, bienhechores generosos a los que no resultara difícil pedirles algo.

En la tarde, Padre Piamarta concluye la jornada con un alto en las actividades agradeciendo a Dios en la iglesia, después de haber estado con los niños y jóvenes, haciendo contratos, viendo a los albañiles, tratando con quien quizás quería engañarlo… Los días más amargos eran, sin embargo, aquellos en que tuvo que decir un doloroso "no" a alguna solicitud insistente para acoger a un nuevo niño: "no tenemos más espacio".

 Se susurraba que podría haber fracasado prontamente, siendo un "poeta de la economía"… pero aprendió en la práctica a economizar sin perder la poesía de las cosas altas del espíritu y de la vida cotidiana. 
"Hagamos economía para aceptar a un huérfano más", decía frecuentemente.
"Si hacemos nuestra parte, la Providencia hará la suya".

En cuanto a los talleres, comenzó con la tipografía "Queriniana", nombre que viene del doctísimo cardenal Querini, obispo de Brescia en la primera mitad del 1700. Esta tipografía será la cuna de una vigorosa imprenta católica citadina. Seguirán otros talleres, laboratorios y actividades: construcción, carpintería, herrería, sastrería, panadería, zapatería, mecánica, electricidad… un mar de iniciativas para alcanzar el desarrollo de las artes y los oficios, para ofrecer a sus jóvenes lo mejor… un mar de "tribulaciones y espinas"… pero también un mar de jóvenes salvados de la miseria y de la calle y convertidos en "excelentes artesanos, buenos cristianos, honestos ciudadanos". Algunos años después, en pleno boom de la industria, un periódico escribirá: "Buena parte de la maestranza de la fructífera industria bresciana ha salido del Instituto Artigianelli".

Padre Piamarta quería educar a hombres completos, con los pies en la tierra, pero con el corazón en alto, capaces de enfrentar el "aquí y ahora" y el "siempre", con el deseo de ganarse el honor en esta vida y de ser honrados en la vida del cielo, dignos ciudadanos de la Patria terrena y felices ciudadanos de la Patria celestial. No son pocos los que han demostrado que su trabajo no fue en vano
.
 

venerdì 19 ottobre 2012

119 - MORIRÉ CON MIS JÓVENES

"Primer encuentro con P. Piamarta" de Pier Giordano Cabra

CAPÍTULO QUINTO

Monseñor Pedro Capretti provenía de una rica familia, pero había elegido vivir pobremente con sus "seminaristas pobres", aspirantes al sacerdocio que no podían pagarse los estudios, a favor de los cuales había puesto a disposición sus bienes. Era un hombre culto, generoso, con visión de futuro, punto de referencia de las principales personalidades de la ciudad, entre las cuales está el Beato José Tovini y Jorge Montini, papá del futuro Papa Pablo VI. Padre Piamarta subía al seminario Santo Cristo, el seminario donde Monseñor Capretti vivía, para hablar de sus proyectos. Eran amigos y se entendían muy bien. Ambos llegaron a la conclusión de que sería bueno tener una obra que acogiese niños huérfanos y pobres, en la cual se les enseñara un oficio, tal como había hecho unos años antes Ludovico Pavoni, creador de la primera escuela tipográfica de Italia.
Padre Piamarta y Capretti tenían diferencias sobre la modalidad en que esto se haría: el primero, entusiasta, quería que fuera algo grande; el segundo, en cambio, quería algo más modesto. El mismo Capretti, que siempre será alguien cercano a él, habló de esto al Obispo. Parecía que la idea estaba a punto de tomar cuerpo, cuando llegó de improviso el nombramiento de Padre Piamarta como Párroco de Pavone Mella unos treinta kilómetros de Brescia. El Obispo necesitaba de un hombre fuerte para esa parroquia.

Protestas y descontento llegaron al obispado, tanto de parte del Párroco como de los parroquianos de San Alejandro, quienes no querían perder a su sacerdote, el cual estaba triste, quizás mucho más que todos los demás. Recibiendo el nombramiento como párroco del pueblo de Pavone Mella con el encargo de ir de vez en cuando a la ciudad, para dar inicio a la obra planifica-da, Piamarta entendía que su proyecto no había sido entendido, porque para poder realizarlo era necesaria la dedicación a tiempo completo, no de una, sino de más personas. Los santos saben que, incluso a través de estas pruebas, el Señor les pide que se hagan a un lado para dejarlo a Él trabajar. Es Él quien tiene el camino seguro, aunque a menudo oscuro, para llevar adelante sus planes. Los santos tienen más confianza en el poder de Dios que en sus pequeñas fuerzas. Y así lo decidió Padre Piamarta: "Yo obedezco y el resto lo hace el Señor, el cual sabrá realizar mejor que yo sus proyectos. Si la obra es Suya, nadie la detendrá".

En Pavone Mella el nuevo párroco no pierde tiempo, suscitando entusiasmo y mostrando diferencias: así como los aplausos no lo exaltan, la oposición no lo rasguña. Se interesa en los pobres, tiene una palabra severa ante los abusos, la frente en alto con los pre-potentes, afable y amigo de los humildes. El viaje más famoso a Brescia es el del 3 de diciembre de 1886, cuando celebrará la primera Misa con cuatro niños huérfanos. Es la fecha oficial del inicio del Instituto Artigianelli. Luego de esto, comienzan una serie de momentos amargos: primero, la solicitud del Obispo de presentar la renuncia al cargo de párroco para dedicarse a la nueva obra y, después, la decisión del mismo Obispo de abandonar la idea, con el fin de cancelar el proyecto. Monseñor Capretti atravesaba un momento de dificultad económica.

La respuesta de padre Piamarta fue esta: "Si me permite, Excelencia, yo deseo morir con mis jóvenes". El Obispo lo mira y percibe en esas palabras algo más que un deseo personal; ve ante sí a un hombre de fe, siente la voz del Espíritu que crea cosas nuevas y lo bendice: "El Señor te asista". Desde este momento, Padre Piamarta está solo, debe pensar él en todo. Sabe que no tiene ni un peso, pero tiene la certeza de que está iniciando una obra que el Padre celestial quiere realizar para sus hijos más necesitados. Por ello se entrega al trabajo con con-fianza.

El 3 de diciembre no es solo la fecha de nacimiento del Instituto Artigianelli, sino el día en el que Piamarta se convierte en "Padre" Piamarta. Así lo llaman los primeros cuatro niños alrededor de un plato de sopa viendo que para él no había quedado nada: "Padre" es la palabra que sale de manera espontánea del corazón de estos niños. Padre, porque les da el alimento del cuerpo y del espíritu. "Padre" serán llamados sus continuadores que, como Él, han dicho "sí" a la invitación de dedicar la vida a los jóvenes.

mercoledì 17 ottobre 2012

113 - TODO PARA TODOS

"Primer encuentro con P. Piamarta" de Pier Giordano Cabra
Capítulo cuarto

Fue ordenado sacerdote el 23 de diciembre del año 1865 y celebró la primera Misa el día de Navidad en el pueblo de Bedizzole, donde era párroco su querido Padre Pezzana. Tenía venticuatro años cuando se trasladó a la parroquia de Carzago Riviera como Vicario, ayudante del párroco. Poco tiempo después, Padre Pezzana consiguió llevarlo consigo por cerca de un año a la parroquia de Bedizzole y, luego, estuvieron dos años trabajando en la parroquia de San Alejandro. Esto ocurrió en el año 1870.

"Señor, haz que no sea un siervo inútil", pidió Padre Piamarta el día de su primera Misa. Los parroquianos se dieron cuenta que él era un sacerdote especial. "Mira, es de verdad un santo", susurraba la gente cuando lo veía, principalmente los enfermos que atendía en sus visitas, así como también las personas que deseaban hablar con él, atraídas por la fama de su sabiduría o por sus predicas que tocaban el corazón de quienes las escuchaban. Cuanto cambiaron las celebraciones de la Misa, la cantidad de niños que no lo dejaban un minuto, el oratorio, el famoso oratorio de San Alejandro iniciado por padre Piamarta.

En poco tiempo todos hablaban de él. "Hemos hecho una excelente adquisición", decían los hombres. "Menos mal que alguien piensa en nuestros hijos", decían las mamás. "Mira lo pálido que está", "y corre todo el día", "es tan devoto", "le gusta tanto a los jóvenes", "nunca se detiene, ¡es plata viva!, alguien muy valioso", "quizás lo dejarán por mucho tiempo", decía la gente.

El oratorio de San Alejandro estaba formado por una sacristía y un patio, donde se encontraban los niños con el sacerdote. Atrajo tantas y tantos niños que dejó un recuerdo imborrable en aquellos años. Padre Piamarta los reunía, les hablaba, organizaba paseos, buscaba lugares donde pudieran jugar, los apasionaba por las cosas de Dios. De las cartas que han quedado se puede respirar algo de la atmósfera de esos tiempos: "Para nosotros, los jóvenes, Piamarta era alguien especial, extraordinario"… "Despertaba en mí sentimientos de respeto, de admiración, devoción verdaderamente extraordinaria"… "Quería salvar a la juventud de la indiferencia y del alejamiento de la religión". A un abogado anticlerical que quería construir una especie de centro juvenil laico, un amigo le respondió: "Querido abogado, mientras en los oratorios hay sacerdotes como Piamarta, es inútil que tú construyas un lugar similar".

A pesar de estas palabras que elogiaban el trabajo del joven sacerdote, este tenía una herida secreta: todas las veces que veía a un niño pobre y abandonado, sentía un dolor en su corazón de huérfano… Excelente idea el oratorio, pero ¿qué será de aquellos niños sin familia, sin afecto, sin un punto de apoyo, que no tenían siquiera el coraje de ir al oratorio por ser pobres y andar mal vestidos? ¿Quién pensará en ellos? ¿Tendré que resignarme a visitarlos en las prisiones el día de mañana? ¿Y qué pasará con los hijos de las familias desintegradas que están destinados a crecer en la calle? 

Desde lo profundo de aquella herida sentía salir una voz: "Lo que hagas a uno de estos pequeños, me lo harás a mí". "Te corresponde a ti hacer algo". "No dejes a otros lo que se te ha encargado a ti". "¿Qué puedo hacer?, estoy solo y no tengo los medios suficientes", se decía a sí mismo el joven sacerdote Juan Piamarta. Sin embargo, la voz que provenía de su corazón era insistente y crecía siempre más, llegando a quitarle el sueño y la paz. "¿Y si fuera el mismo Señor quien quiere que yo dedique mi vida a los niños y jóvenes pobres?", se preguntó un día. Luego de haber hecho oración por mucho tiempo ante el Santísimo, intuyó claramente que este era su nuevo camino: "Dedicaré mi vida a estos niños. Serán ellos mi vida". En ese mismo momento se propone un claro objetivo: darles una familia, enseñarles un trabajo, mostrarles cómo vivir como personas cristianas en una ciudad de Brescia en evolución. Pensó inmediatamente hablar de esto con Monseñor Pedro Capretti.

sabato 13 ottobre 2012

104 - ENTRE AMOR Y AMOR

"Primer encuentro con P. Piamarta" de Pier Giordano Cabra

CAPÍTULO TERCERO


“Tienes muy buenas cualidades", comienza a decirle el Párroco Padre Pancracio Pezzana, "y podrías utilizarlos para hacer tanto bien". El pequeño Piamarta, rápida y decididamente, responde: "Sí, me gustaría ser sacerdote, pero soy pobre y no sabría cómo hacerlo". "Encontraremos una solución… Mientras tanto, comienza a tomar algunos libros… Yo seré tu maestro".El Padre Pancracio Pezzana cumplió su palabra: hizo de maestro, - tenía todos los títulos y la experiencia - le buscó los libros, y le pidió a una señora, de quien no se sabe su nombre, que le pagara los estudios hasta el final.

Mientras, estaba madurando la unidad política de Italia, que suscitaba muchas pasiones, entre las cuales Brescia había participado con sus famosas "diez jornadas". En el año 1859, a pocos kilómetros de la ciudad, se combaten las terribles batallas de San Martino y Solferino con nuevas armas que producen una espantosa masacre. A Brescia llegan miles de heridos, los que son recibidos en las iglesias. Entre los voluntarios que acuden a prestar socorro, está también el joven Juan Piamarta, generoso, activo como siempre y, en ese entonces, con unos dieciocho años de edad.

Debió enfrentar muchas dificultades por causa de los estudios. A veces temía no ser capaz de conseguir buenos resultados, ya que eran muy difíciles para él. Consuélense, jóvenes: también el joven Juan Piamarta tuvo que sudar y sudar en la escuela. Pudo cambiar la visión que de él tenían los profesores por su tenaz voluntad de superarse. No era el primero de la clase, porque tenía que leer varias veces los textos, estudiar y repasar con mucho esfuerzo para estar dentro del promedio del curso. Piamarta, a pesar de tener una inteligencia práctica llevada más a las soluciones concretas que a las especulaciones elevadas, filosóficas o teológicas, quería llegar a la meta a cualquier costo y si necesitaba estudiar, lo hacía.

Siempre tuvo, de hecho, el sentido de proponerse una meta, aun habiendo otras dificultades, como las propias de la juventud… fue capaz de superarlas. Tenía miedo de ser indigno del gran ideal sobre el cual se había encaminado; a momentos le parecía imposible, algo reservado a personas mucho mejores que él. Se sentía lejos de aquello que hubiese querido ser.
Un día se presenta ante el párroco Padre Pezzana y le dice que está con una dificultad.
"¿Te gustan las niñas?", le pregunta de sorpresa su interlocutor.
"Sí", responde indefenso el joven.
"Bien… pero si el Señor te lo pide, ¿estarías dispuesto a renunciar al amor por el Amor?".
Un largo momento de pausa y el joven Piamarta responde: "Si Él me ayuda, lo dejo todo por Él".
A esto el Padre Pezzana le contesta: "Si el Todo te pide tu pequeño todo, es porque quiere darte su gran Todo". "Desde aquel momento me ha parecido todo más fácil: me sentí libre, parecía como si estuviera volando", dirá luego Piamarta.

En el entretiempo tomó conciencia con la ayuda de un santo muy simpático y de una personalidad fascinante: San Felipe Neri, quien vivió en Roma tres siglos antes que él. Piamarta leyó sus famosas "Máximas" y fue conociendo la forma en que hacía las cosas, cómo entendía el ser humilde, como un enano ante un gigante. Supo que si un enano salta sobre las espaldas de un gigante puede ver más lejos. "Quisiera ser como San Felipe: un santo que sabía vivir con los jóvenes, haciendo simpática la virtud y un amigo que les permitía ser jóvenes sin envejecer en el espíritu, ayudándolos a afrentar la vida con coraje alegría".
 

martedì 9 ottobre 2012

96 - EL TODO EN EL TODO

"Primer encuentro con P. Piamarta" de Pier Giordano Cabra

CAPÍTULO SEGUNDO

En el corazón del joven hay de todo, así como también está el Todo. En el corazón del pequeñito Juan, el Todo se "ilumina por la inmensidad": si Dios es todo, ¿por qué no concentrarse en Él? Si es Él, es Todo. Entonces ¿de qué tendrá todavía necesidad?
He aquí que un día dejóla casa junto a un amigo, como si fuera una fuga, intentando realizar la aventura de ser los eremitas del monte Magdalena, el principal cerro de Brescia, de un poco menos de mil metros de altura. Ahí habían unas grutas que, según se decía, fueron habitadas en el pasado por eremitas, personas cuya ocupación era la de "vivir solos en la sola presencia de Dios". Juan y su amigo subieron rápidamente el cerro, se detuvieron un poco, disfrutaron el bello paisaje y luego se dijeron: "¿y ahora qué hacemos? Se está haciendo tarde, no tenemos nada para comer y está comenzando a hacer frío, ¿por qué no bajamos?".  Empezaron a bajar, antes de que llegara la noche.
Juan entendió que el camino de los eremitas no era el suyo, pero que orientarse totalmente al Todo era su vida.

Las horas libres de la escuela eran muchas y a Juan, que era vivaz y alegre, le gustaba jugar en la calle con los niños de su vecindario, de los cuales era el cabecilla. Jugaban a la guerra, se tiraban zapatos, se golpeaban. Estaban a la merced de los más desordenados.
Hablando de estos años el mismo Juan dirá que estaba por convertirse en un "maldadoso de primer orden", de no haber encontrado el oratorio - centro juvenil - de Santo Tomás que lo orientó para tomar la dirección justa en la vida y que, también, le ofreció momentos de diversión sana, así como la educación y los buenos ejemplos que le mostraban el lado bello del bien. El oratorio lo ayudó, sobre todo, a descubrir a Jesús como el mejor y más confiable de los amigos. Quedó preparado, así, para comprender la importancia del estar con los jóvenes, de ayudarlos a crecer en un ambiente donde puedan estar bien y aprender a hacer el bien.

Mientras tanto, su padre y su abuelo pensaban qué hará este niño vivaz y soñador con una salud tan frágil.  Acordaron enviarlo a trabajar como ayudante de un conocido fabricante de colchones, Zanolini, quien lo inicia en su arte. El joven va con muchas ganas y le irá bien, a pesar de que hará la experiencia del trabajo repetitivo, del cansancio de los horarios, nueve o diez horas al día, con el bajo salario que se solía dar, como propina, a los aprendices.

Sin embargo, esto luego cambiará. Pudiendo estar en un ambiente poco sano, con salud débil o mal alimentado, el patrón de Juan es una persona atenta y paterna que se preocupa constantemente de su salud. Por esto mismo lo envía a Vallio, una ciudad que queda a unos veinte kilómetros de Brescia, en un valle con mucha vegetación, para que cambie de aire y se recupere.  En este lugar, lejos de los amigos y del horario de trabajo, comienza a explorar los bosques, acompañado por su palo de madera y sus pensamientos. A pesar de estar solo, siente en su interior que alguien le hace compañía, que el amigo Jesús está junto a él y que le puede hablar de las cosas que están en su corazón.
Sin darse cuenta, sus paseos terminan en la bella iglesia parroquial, donde entra para estar más cerca de su Amigo y sentir mucho mejor su presencia. Juan estaba muy alegre por cómo esta amistad se iba haciendo más fuerte. Por eso la cultivaba con mucho cuidado. El pequeño Juan se encontraba muy cómodo, tanto en el juego con otros niños, como en el silencio de la iglesia.

El párroco de Vallio notó inmediatamente las repetidas visitas a su iglesia de ese niño citadino flaco y vivaz. Por esto es que un día lo detiene y le habla. Así será durante varios días, después de los cuales el párroco logra convencerse de que está ante un niño extraordinario con la apariencia de un niño común. Al ver en él a un niño llamado a hacer grandes cosas le hizo una propuesta.

domenica 7 ottobre 2012

93 - NADA PASA POR CASUALIDAD

"Primer encuentro con P. Piamarta" de Pier Giordano Cabra

CAPÍTULO PRIMERO

Nada en la vida pasa por casualidad. Mucho menos en la vida de los santos. En Brescia, cuando era necesaria la intervención especial entre los jóvenes, en la segunda mitad del siglo XIX, en plena revolución industrial, nace un niño el 26 de noviembre del año 1841, bautizado en la iglesia de San Faustino con el nombre de Juan Bautista, hijo de José Bautista y de Regina Ferrari.

Nuestro pequeño Juan Bautista, quien tuvo la misión de ayudar a los pobres, nació y creció en un ambiente pobre y sentirá las privaciones propias de la pobreza. Hubiera querido tener un abrigo para protegerse mejor del frío, pero debió contentarse con el chaleco de lana hecho en casa por su madre. Y los zapatos… los bellos zapatos… eran, en cambio, solo zuecos de madera.
Debiendo comprender y sostener a niños difíciles, él mismo no tuvo un carácter fácil, porque entendió que una cosa era decir bellas palabras y otra era hacerlas realidad. También entendió que para crecer es necesario cansarse y, frecuentemente, luchar contra sí mismos.

No por esto era de mal genio, sino de carácter difícil: era tenaz hasta ser testarudo, listo para el pataleo y para enfurecerse cuando algo no le resultaba. A pesar de esto, su madre, Regina, lo cuidaba y no le dejaba pasar ninguna. Como aquella vez en que nuestro Juan de seis o siete años dejó a un lado el plato de sopa, porque no le gustaba. Al otro día, su madre lo hizo encontrar de nuevo la misma sopa rechazada. A medio día y en la tarde el plato seguía ahí, hasta que el pequeño contestador tuvo que arrepentirse y aprender que lo que uno quiere no siempre es posible hacerlo.
Con esto aprendió que en la vida lo primero que se debe hacer es cambiar uno mismo, antes que cambiar las cosas que están fuera de nosotros. Esto, porque siempre podemos mejorar nosotros mismos, antes que a los demás y a las cosas.

Su madre de Juan lo llevaba consigo a la Eucaristía en la gran iglesia de San Faustino. No había tanto que caminar, porque vivían casi al frente de ella: solo debían atravesar el puente.
Él participaba con ganas en las distintas celebraciones, también porque, estando dotado de una espléndida voz, tenía el honor de hacer de solista en el coro parroquial. La mamá lo llevaba ante el altar de la Virgen y le decía que es Ella la madre de todos. Esto no lo olvidará nunca y repetirá miles de veces esta consoladora lección, que se transformó en una dulce experiencia del corazón.

A los nueve años la muerte pasó por su vida y le quitó a la persona que más quería, a su amada mamá Regina. Su padre trabajaba como peluquero y estaba todo el día fuera de la casa. Cuando llegaba la tarde, varias veces llegó con algunas copas de más, perdiendo la autoridad de padre.
Haciéndose cargo de los huérfanos, Juan ya está preparado para comprender, porque lo experimentó en su propia carne, qué significa quedar huérfano siendo tan pequeño, sufrir silenciosamente la soledad, darse cuenta de que no hay nadie que se interesa en ti, que te atienda en la casa, una casa que queda de repente vacía y silenciosa.

Del pequeñito Juan se preocupa como puede el abuelo materno que cada tarde lo encanta con los cuentos de la Historia Sagrada, con episodios de la Biblia. Los cuentos del abuelo fueron por siglos como las telenovelas y las series de televisión de hoy. Juan se apasionará tanto con esta Historias Sagradas que se convertirá en un hábil y anticipado narrador para sus jóvenes, los que recordarán por mucho tiempo los intrigantes cuentos, con incisivas conclusiones para la vida.
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